Un “virus” digital se apodera de nuestra información privada
En este preciso instante, un virus de trillones de dólares está esparciéndose por todo Silicon Valley: se llama redes sociales. Es como una mancha digital implacable que se alimenta de nuestra información más íntima.
Mientras más grande es la red social, es mayor también la cantidad de información personal que demanda, y por tanto, cada vez va invadiendo más nuestras vidas y se va alimentando de una manera voraz de la información de nuestros contactos, afectando nuestra privacidad.
La histeria pública provocada recientemente por este virus se debe a una red social de reciente aparición que se llama Path, a la que acusan de copiar los contactos del iPhone sin pedir permiso a través de su aplicación móvil. También a Twitter lo han acusado de ese mismo tipo de invasión a nuestra privacidad, en su caso, por copiar las direcciones que tenemos en nuestros smartphones sin nuestro permiso o conocimiento.
Pero esta problemática va más allá de Path o de Twitter, o incluso de Facebook. En realidad es un virus que se puede instalar en el corazón mismo de esta industria trillonaria de las redes sociales.
Silicon Valley ha creado una ley para explicar este virus permanente: la Ley Metcalfe, llamada así en alusión a Bob Metcalfe, inventor del Ethernet que asegura que “el valor de una red de telecomunicaciones es proporcional al cuadrado de usuarios conectados a ella”. O explicado con mayor simpleza: las redes sociales valen más mientras más grandes sean.
Las redes sociales tienen la misma biología que los virus, si no se reproducen rápidamente, mueren. Y las redes más exitosas y valiosas, como Twitter, Google+, Foursquare, Pinterest, Instagram, Tumblr y LinkedIn, son a las que se suscriben más personas.
El ayudarnos a “descubrir” nuevos amigos se convirtió en la droga de cada red social, entre más grande es nuestra red personal, más información personal compartimos, y entre más personas están conectadas con nosotros, más valor le damos a esa red.
Entonces, no debería sorprendernos la posibilidad de que Path, Twitter y, dicen por ahí, casi todas las redes sociales dominantes, desde hace años, han compartido nuestros directorios a través de sus aplicaciones.
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